BOXEO

En medio de la incertidumbre, el presidente de la FAB aclara algunas cuestiones y da una visión optimista de la situación por la que atraviesa el boxeo en cuarentena. Y cuenta que se está trabajando en un protocolo. ¿Pero será viable con todos los riesgos a tener en cuenta? El principal, el posible contagio sobre el ring.

Lentamente, aunque sea para los entrenamientos, con protocolos rayanos a lo tragicómico, la mayoría de los deportes están volviendo, o en vías de eso. Algunos hasta en su faz competitiva.

No acá, pero sí en USA, por ejemplo, actividades incluso como las MMA -deporte de contacto físico si los hay- se han practicado, y por si fuera poco se siguen programando eventos como el de este sábado, transmitido por ESPN 2.

¿Y el boxeo? ¿Para cuándo? Salvo el último finde de abril en Corea del Sur y Nicaragua -que se salieron del molde con sendas programaciones-, ni el tema de los gimnasios está resuelto, al menos en lo que a nuestro país respecta, más allá de amagos de retornos como los de Maravilla Martínez, El Chino Maidana, Lucas Matthysse, ¿La Mole Moli? y otros que preferible ni contar.

La AMB anuncia seminarios médicos online, cursos para fallar peleas. Promotores como Sampson Lewkowicz un proyecto para hacer 50 peleas en un día en Uruguay –para el Guinness de los records- y el CMB curso de entrenadores. Pero boxeo, boxeo, nada.

Sin embargo Luis Romio, el presidente de la FAB, rompió el silencio para actualizar la postura poco difundida –casi secreta- de la FAB:

“Nadie está más interesado que nosotros en reabrir las puertas cuanto antes. Somos los primeros interesados, que no lo digamos es otra cosa. Además tenemos gastos fijos que afrontar, como impuestos y sueldos de empleados. Estamos preparando un protocolo para los gimnasios de boxeo y el de la FAB, pero todo que depende más que nada de cuestiones médicas y sanitarias”.

“De todos modos sería importante aclararle a la gente que el boxeador es un trabajador regido por normas deportivas, pero es un trabajador independiente. El boxeador no está bajo ningún club, ni bajo ninguna cadena televisiva. Cobra por lo que hace. Por lo tanto hace 4 ó 5 meses que la mayoría no percibe dinero con su profesión. Y nosotros no tenemos una FIFA que nos baje plata para abastecerlos. Al contrario”.

“En el fútbol los clubes no le renuevan los venden y hacen su negocio. Los boxeadores en cambio jamás dejaron un peso para la FAB. La Tigresa Acuña el otro día dijo en tu diario que la FAB debería hacer algo, o hacerse cargo. Hay que aclarar bien esto para que la gente no piense que los boxeadores dependen económicamente de nosotros, y que es una obligación nuestra hacernos cargo de ellos. Dependen sólo en lo deportivo. En lo otro son independientes. Monotributistas”.

“El público debería saber también que el boxeo sí se puede hacer a puertas cerradas, porque serían sólo dos contendientes arriba del ring, con todos los protocolos que habría que tener en cuenta y ya estamos preparando. Un festival profesional podría tener entre 30 y 35 personas en un ambiente como la FAB, que tiene 600 metros cuadrados”.

“Hace varias semanas que la Escuela de Boxeo está trabajando online y lo mismo el Consejo Directivo de la FAB, que ya hizo reuniones de consejeros un día, y otro con los presidentes de las Federaciones del interior. Estamos trabajando intensamente. Nos falta que nos den un plafón para que podamos desarrollarnos. Pero el boxeo es el deporte más fácil y menos riesgoso para practicarse en este contexto”. (NdeR: lo mismo opina Mauricio Sulaimán, presidente del CMB).

“En cuanto a las Selecciones Nacionales no sé el protocolo que va a adoptar la Secretaría de Deportes para el uso del CeNARD, pero el nuestro aplica para el boxeo profesional y amateur, y luego las Federaciones del interior lo adaptarán a sus realidades sanitarias”.

Podríamos haber seguido hablando mucho más con Romio, sin definir nada. Y hacerle miles de preguntas sin respuestas. De hecho también lo hicimos con las personas que se están encargando del protocolo, que prefirieron reservar sus nombres para evitar presiones y bombardeos, pero se trata de un médico y un reconocido director técnico y preparador físico.

Cabe ante todo aclarar –nobleza obliga- que la Tigresa Acuña en la nota que le cedió a DIARIO POPULAR, se refirió a que la FAB debía hacer algo “política y organizativamente” para la vuelta al boxeo y los gimnasios, como este protocolo del que habla Romio.

Pero más allá de lo que dice el presidente de la FAB, teñido de expresiones de deseos, ni la vuelta ni el protocolo serán fáciles. Todo lo contrario. Serán por demás difíciles.

Primero porque las medidas sanitarias cambian todos los días, y no sólo eso, sino que se contraponen. Lo que un día va, al otro no, y viceversa.

“Recién en la fase 4 sería posible”, nos dice uno de los encargados de confeccionar el famoso protocolo. Hasta habilitar el gimnasio será escabroso, porque más allá de controlar al boxeador, o usuario, con las medidas sanitarias, se acerca mucha gente a preguntar, hay tránsito, hay riesgos. ¿Y si alguien se contagia y le hace un juicio a la FAB?

Nótese que en el fútbol europeo, el protocolo es ir ya cambiado al entrenamiento y volverse sin bañarse con la propia ropa con la que fueron.

¿Ridiculez? Y… si uno sale de su casa sin coronavirus, se mete en su auto sin coronavirus y se baja en el club mismo, se cambia con ropa sin coronavirus guardando la otra en su bolso ¿cuál es el problema en bañarse luego y volverse a poner la misma ropa sin coronavirus con la que llegó, y guardar la usada? ¿No es una exageración ridícula?

Ahora, si por el contrario algo estaba contaminado (ropa o jugador), ¿de qué serviría ese protocolo? Sólo la distancia social y el barbijo (hasta ahí nomás, porque ya se dice que es peor) podrían evitar el contagio. Lo demás es el mismo riesgo –o menor- que ir a hacer las compras, o pasear al perro.

Con tal criterio, un boxeador deberá venir desde su casa (a veces lejana, en el Conurbano, y en transporte público) en pantaloncito corto y en cuero, y volverse así como está, sin bañarse tras darse golpes, todo envaselinado.

Pero además en el ring están cuerpo a cuerpo, pegándose en la boca, secándose el sudor con el guante, limpiándose posibles heridas, salivándose sin querer, y lo que es peor, el DT en el rincón le tiene que quitar el protector bucal con la mano, por más guante de látex que se ponga. ¿Cómo protocolizar eso?

¿Con tests? ¿Para 35 personas? ¿Quién los paga? ¿Y quién se querrá arriesgar a acciones legales si pasa algo?

La cuarentena más larga de la historia pinta para “noventena”, y como siga así, para “cientocincuentena”.

Nos cuidan mucho. Se preocupan mucho por nuestra salud. Dichosos de nosotros. ¿Desde cuándo nos quieren tanto nuestros gobernantes y no nos dábamos cuenta?

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