El CMB “tomó cartas en el asunto” tras el robo a Yamil Peralta vs Ryan Rozicki en Canadá del pasado sábado, y dejó el título internacional vacante; ordenó revancha directa e inmediata en terreno neutral, y no tendrá en cuenta el resultado para las clasificaciones. Pero…

Por GUSTAVO NIGRELLI.

El imperdonable atraco a Yamil Peralta en Nueva Escocia, Canadá, ante el local Ryan Rozicki, es de dominio público, ya sea que lo hayan visto o leído en diarios y/o redes sociales dado la repercusión que tuvo. No redundaremos en detalles. (FOTO: Rozicki- Peralta).

Que el CMB, a través de su presidente Mauricio Sulaimán, dejó el título internacional que estaba en juego vacante y ordenó una revancha directa en terreno neutral, también, además de no considerar el resultado que le dio la victoria al canadiense en fallo dividido, pese a perder claramente las 10 vueltas. Por eso el Comité de Clasificaciones en el ránking de mayo no tendrá en cuenta la derrota de Yamil.

Sin embargo, a éste le quedará una mancha en su licencia que se potenciará con el tiempo, cuando nadie recuerde bien los motivos, y sobre eso es imposible actuar. No se puede cambiar el fallo, porque el día en que eso suceda sentará un precedente peligroso, y a partir de entonces se podría hacer con cualquier otra pelea cada vez que alguien la vea distinto.

Allí radica uno de los graves problemas de este episodio, que no tiene vuelta atrás, aunque pretenda enmendarse.

Pero hay otro más grave aún, que excede a Yamil y a cualquier pelea. Y tiene que ver con la credibilidad del deporte en sí: esta vez quedó demostrado el robo, sin comillas, algo que siempre se niega amparándose en el principio de honestidad, o cubriéndose en la famosa “apreciación”, con el irrefutable alegato de que “nadie es dueño de la verdad”.

Un daño irreparable al boxeo y por elevación al damnificado final, que es el público, con la consecuente estafa a su buena fe, algo de lo que nadie se hará cargo.

Se rompió la confianza como una copa de cristal, porque esta vez hubo una especie de asociación ilícita premeditada, con dolo incluido, ya que tanto los tres jueces como el árbitro eran canadienses, se peleó en suelo canadiense, el visitante ganó todas las vueltas, y se la dieron perdida por puntos. El mismo Rozicki admitió su derrota.

¿Pero hasta dónde estaba o no todo cocinado de antemano y hasta consentido por propios y extraños –incluso el CMB-, cuando el único que casi ni se quejó fue el propio Yamil, que lo tomó con una sonrisa, no hizo gesto alguno de desaprobación, abrazó y felicitó a Rozicki? Yamil pareció saber y hasta “aceptar” lo que pasaría.

Robos y malos fallos hubo muchos en el boxeo, más cuando se va de visitante, con todo en contra. Pero acá además estuvo en juego un título, patrocinado por una entidad, que pese a saber el trasfondo lo avaló con su presencia, según Mauricio, “para no afectar a la promoción y a los peleadores”.

Por un lado se entiende. Pero lo hizo contradiciendo su propio espíritu, ya que fue Don José (padre de Mauricio) el primero en instaurar la obligatoriedad del neutralismo en las autoridades, que igual luego pueden hacer desastres sin que nadie pueda probarlo, porque hay “neutralidad”.

Esta vez, a sabiendas de lo que podía pasar, porque lo dijo –“a estos oficiales no los conocemos ni tenemos referencias de ellos”. “Es una provincia que no tiene mucha actividad”- traicionó sus principios.

La premura en actuar luego –cosa que no es común las pocas veces que sucede este tipo de escándalos- dejan un gusto raro.

No quiso perjudicar a la promoción ni a los peleadores, pero se usó el título y el nombre del CMB para montar el espectáculo y luego se lo quitan. Como quedar bien con Dios y con el Diablo. ¿Y nadie salió perjudicado?

Queremos creer que entonces también devolvieron el dinero de la sanción del combate con la que se arancelan los mismos, sin el cual no se avalan. Porque si al final el título no estuvo en juego, es lo que correspondería, si no es una estafa redonda. Por más que no sea una cuestión de plata y eso no resuelva nada, sí lo es de ética, que es el efecto colateral, de lo contrario todo parece una teatralización para la gilada.

Ganaron plata los boxeadores, los promotores, el CMB, uno se llevó más piñas y la victoria, otro menos piñas y la derrota, ahora hay revancha y todos contentos. Pero el pato lo pagan siempre los mismos: el público y el boxeo.

 

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