La vigésima tercera edición de la Copa del Mundo de la FIFA ya es una realidad. Con un despliegue sin precedentes en tres países —Estados Unidos, México y Canadá—, este torneo rompe récords como el más extenso de la historia y el de mayor número de participantes.
Además, consagra al mítico Estadio Azteca como el primer templo del fútbol en recibir el certamen por tercera ocasión, evocando los fantasmas perfectos de 1970 con Pelé y 1986 con Maradona. Sin embargo, para los apasionados hinchas de la provincia de Formosa, este mega evento global llega con un sabor agridulce y una profunda añoranza.
La realidad de la televisión abierta actual determina que la pantalla del Canal 11 Lapacho solo ofrecerá, de manera gratuita, los noventa minutos de la Selección Argentina. Una restricción que contrasta con aquellas épocas doradas donde el Mundial se vivía como un ritual comunitario de principio a fin.
Hubo un tiempo en que la provincia no necesitaba de cables ni decodificadores para vibrar con la cita máxima del fútbol. En junio de 1978, la mítica esquina de Junín y Eva Perón se convirtió en el faro futbolístico de la región. A través de Canal 11, la XI Copa del Mundo Argentina 78 se palpitó con tonada propia.
Las jugadas y los goles de aquella primera consagración albiceleste pasaron por los ojos y los comentarios de periodistas locales como Osvaldo Lezcano y Leonardo Nicotera. Por eso, no fue casualidad que, tras el infartante 3 a 2 contra Holanda, la marea de banderas y desahogo popular eligiera precisamente las puertas del canal para desatar el festejo por la conquista de la primera estrella.
Esa comunión entre el aire formoseño y la gloria se repitió en España 82 y, fundamentalmente, en la gesta de México 86, cuando un Diego Armando Maradona de tintes celestiales firmó el mejor gol de la historia frente a los ingleses para luego ante Alemania regalarnos la segunda estrella.
Para el Mundial de Italia 90, la posta del sentimiento popular se mudó a la señal de Canal 3, una emisora joven nacida apenas tres años antes en Junín y avenida 9 de Julio. Aquel torneo, que arrancó con el inesperado golpe de Camerún y terminó con las lágrimas del penal de la final ante Alemania, se vivió en los hogares gracias a una mesa de transmisión entrañable y profesional. El «maestro» Antonio Mentesana Oviedo, el ingeniero Miguel Ángel Oviedo y el joven redactor del Nuevo Diario Alfredo Domínguez le pusieron voz y análisis a cada jornada, abriendo el estudio a funcionarios, dirigentes y deportistas locales que compartían la previa como si estuvieran en el living de su casa.
La posterior irrupción de la televisión por cable fragmentó las pantallas, privatizó las pasiones y dispersó una oferta que antes era un derecho compartido. Hoy, las transmisiones masivas y aquellos debates eternos con sabor local parecen postales de un periodismo artesanal que ya no vuelve. En esta Copa del Mundo, el reencuentro frente al televisor público será exclusivo para alentar a la Scaloneta, mientras el recuerdo de los canales 11 y 3 permanece intacto como el eco de un gol que todavía nos emociona.
FOTO: En la previa de un juego del Mundial Italia 90, el maestro Mentesana en el centro, flanqueado por Alfredo Domínguez y Miguel Ángel Oviedo, aguardan el momento de salir al aire en el Canal 3.