BOXEO ARGENTINO

Relator y comentaristas de la señal deportiva internacional quedaron expuestos el pasado viernes cuando en la pelea entre el uruguayo Gastón Reyno -compañero de tareas- y el bonaerense Ezequiel Vallejos, presionaron como “hinchas” al árbitro René Godoy,  transformando lo que era una descalificación, en un KOT para su defendido.

Por Gustavo Nigrelli.- Quién te ha visto y quién TV, periodismo querido… Tan añeja, sagrada, íntegra y honrada profesión, se hizo añicos en pocos minutos el viernes por la noche en el CSyD El Porvenir de Quilmes.

Sucedió cuando desde las pantallas de ESPN, con motivo de que un integrante de dicha emisora –comentarista de UFC y luchador de MMA- debutaba como boxeador en una preliminar a 6 vueltas, tres “periodistas” desconcertaron tendenciosamente al árbitro y lo indujeron a dictaminar un fallo erróneo en favor del “hombre de la casa”, desenmascarando así favoritismos, afectos, quizás intereses personales o conveniencias, que están reñidos con la tarea que desempeñan y que hace suponer que también ocurrió en otros casos.

Pero éste fue alevoso. Nunca visto. El uruguayo Gastón “El Tonga” Reyno (37 años), que practica deportes de contacto, entre ellos MMA, enfrentaba en su debut profesional al bonaerense Ezequiel Vallejos (32), también debutante, como previa al combate estelar entre Nicolás Jara (GKOT 7) y Andrés Tejada.

Comenzó bien el Tonga, derribando incluso a Vallejos, lo cual excitó tempranamente al relator Renato Bermúdez y ni hablar a sus comentaristas, las boxeadoras Chris Namus y Cecilia Comunales, compatriotas de Reyno. Pero algo comenzó a oler mal cuando al rato cayó él, y el árbitro René Godoy no contó, es decir, no convalidó la clara caída.

Con dominio alternado prosiguió la pelea hasta que en el 5º llegó el desenlace. Tras una interrupción para revisar una herida en el bonaerense, se reiniciaron las acciones, y en ese afán  el Tonga embistió lateralmente con la cabeza a Vallejos al erguirse después de hacer cintura. Con su maniobra chocó la nariz de su oponente, quien de inmediato hizo un gesto de dolor y retrocedió  tomándose el tabique, quejándose del cabezazo.

Namus y Comunales –en especial la primera-, que hasta entonces no paraban de gritar y dar indicaciones durante todo el combate como si fuesen sus directoras técnicas -acicateadas también por Bermúdez-, le exigían al árbitro que hiciera una cuenta de protección, alegando que el boxeador estaba sentido y por eso quería detener el combate, cosa según ella, antirreglamentaria.

Es más; no sólo a los gritos, sino también con algún improperio –reconocido ante cámaras- pidió  el KOT liso y llano sin ir a las posibles tarjetas, ni mirar repetición televisiva alguna, por aducir  que había sido el púgil quien paró el combate, “cosa que no está permitida en ningún reglamento del mundo”.

Como si conociera a la perfección las reglas, Namus pontificaba y a la vez imponía desde su micrófono el veredicto del match, sintiéndose hasta estafada en la buena fe si así no ocurriera.

En primer lugar, Vallejos no paró ningún combate. Fue el árbitro quien ante la reacción del púgil llamó al médico, y el Dr. Walter Quintero –experto en el tema- constató rotura de tabique y la paró. La paró el médico, no el boxeador. Los boxeadores no dan fallos, pero pueden avisar que están heridos, o que no están en condiciones de seguir peleando por el motivo que fuese. Y  según cuál sea la causa del mismo, se decreta el fallo.

Si a Namus le pegaran cualquier golpe, lícito o no, y –por ejemplo- le rompieran la nariz sin que el árbitro lo supiera, o el pómulo, o el maxilar, o se le saliera el hombro, o se esguinzara un tobillo, tampoco podría seguir peleando y seguramente lo haría saber con su gesto,  especialmente si el árbitro no lo advirtiera, para que éste luego dictamine el fallo a dar según las causas que produjeron la lesión.

En base a ellas se toma una decisión, que podría ser KOT en su contra si el rival no cometió ninguna acción ilícita; descalificación, si por el contrario, fuese producto de una acción ilícita del rival; a las tarjetas (DT), si no se logra precisar el origen de tal lesión, o si la culpa es compartida, siempre y cuando haya terminado el 3º round en combates de dos dígitos, o el 2º en caso de combates de un sólo dígito, como era este caso. De lo contrario, el match queda sin decisión.

Lamentablemente, nadie en ese estadio conocía en profundidad el reglamento, por lo que estas opciones no fueron aclaradas nunca. Solamente se pedía el KOT en favor de Reyno, el más decente y cuerdo de todos, pues caballerescamente tuvo la honestidad de reconocer que había sido un cabezazo y que le pidió disculpas a Vallejos. Pero relator y comentaristas insistían con que la lesión había sido producto de un uppercut y por eso reclamaban KOT.

El árbitro no lo había visto, por lo cual apeló a la repetición televisiva, cosa que está en el reglamento FAB, siempre y cuando la pelea se esté televisando, se pueda mostrar el monitor sin que el réferi baje del ring, y que el director de cámaras encuentre la acción en cuestión.

Sin embargo, arteramente, la emisora nunca lo hizo. Mostró una secuencia falsa, distinta, previa al desenlace, justamente de un uppercut de Reyno, y la pasó insistentemente cada vez que el árbitro –que dudaba, sabedor de que no era la acción correcta- pedía la reiteración, mientras que desde abajo Namus y compañía lo presionaban a los gritos con que era un claro uppercut que no quería admitir, desconfiando de su honestidad.

Se salieron con la suya, porque la señal no mostró la imagen correcta, y las pocas veces que lo hizo fue desde un sólo ángulo, del que pocas conclusiones pudieron sacarse. De mínima fue un choque, aunque la lógica indicaba que el infractor había sido el propio Reyno, ya que fue quien acometió desde un costado mientras Vallejos estaba estático.

Lo único que faltaría sería observar de perfil –y no desde atrás como se mostró- en qué posición estaba la cabeza del Tonga respecto de sus piernas, que a juzgar por el torso estaba más adelantada y ameritaba descalificación.

Salvando las distancias, lo mismo han siempre hecho en las peleas del Canelo Álvarez, muy particularmente en la revancha ante Gennady Golovkin, cuando el ex boxeador mexicano Erik Morales participó como “comentarista-hincha”. Es el nuevo problema de traer a ex deportistas (o deportistas) en reemplazo de periodistas, aunque tampoco éstos son garantía de nada, ya que los hay también fanatizados o entregados al sistema de turno, aunque no tan al extremo.

Se ignora si tanto Comunales como Namus estudiaron periodismo –de Namus hay quienes dicen que sí-, lo cual tampoco garantiza nada. El título no habilita a trabajar en cualquier situación si no se ha aprendido a controlar emociones. Se llama “ética”.

Así como los árbitros y jueces por las mismas razones están impedidos de hacerlo, incluso siendo apenas compatriotas de uno de los protagonistas, con mucha más razón deberían abstenerse el resto en el desempeño de sus funciones cuando son incompatible, al menos para evitar suspicacias, sean fundadas o infundadas. La ética que han mandado hace rato al diablo en todos los sectores sociales, y que hoy en día,  aunque todos la mencionen, es el ejercicio que menos se practica.

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